Siempre odié el colegio. Nunca fui revoltosa, ni de malas notas, tampoco hice la cimarra. Y es que mi mamá nunca me obligó a ir. Cuando no tenía ganas, podía quedarme en la casa o hacer la hueá que quisiera. A veces mi mamá me decía "no vayas, quédate conmigo". Por tanto, no me enfrenté a dichos rituales escolares. Aunque, debo confesar que todos los años me amenazaban "vas a repetir por inasistencia". Nunca repetí, ni por asistencia ni por notas. Salí con 17 del colegio. De hecho, todos los años sacaba algún lugar, casi siempre el segundo. Tampoco tenía más de 3 anotaciones negativas, solo por ir con "salida de cancha". Y cuando me webiaban mucho por el buzo - que era taaan cómodo-, acusaba al inspector con mi mamá. Por supuesto: ella iba a hablar con quien fuera necesario para conseguir el permiso infinito de ir como quisiera a esa cárcel llamada colegio.
Para ser sincera, si me leo, pienso que mi paso por dicha institución no fue ni tan cuática, menos traumática. Pero sí, lo fue. Me parecía tan monótono, tan estructurado, predeterminado en todas sus dimensiones. Cabe mencionar que estuve en 10 colegios. Y conocí a un montón de gente. Estuve en colegios privados, públicos y semi subvencionados. Y en todos, TODOS, conocí gente pelotuda. Igual ese tipo de indivudues, solían repetirse con frecuencia en las esferas con mayor acceso económico. Triste. Porque igual conocí gente pulenta (en esos colegios que no eran cuicos), personas con cachá de capacidades que, quizá con otro porvenir, sus vidas serían muy distintas. Con otro tipo de oportunidades y horizontes. Pero situaciones de ese tipo me hicieron click más grande.
No todo fue color de rozas, cuando chica iba a un colegio donde no tenía amigos por ser rubia (en los primeros años de la infancia era muuy rubia) y si pedía una goma prestada, esas pa borrar, me decían "dile a tu papá que te compre una, que venda su camioneta", (Porque sí, mi papá tenía una camioneta grande y bonita. Era una Toyota azul marino, que me encantaba porque podíamos llevar a la Guga, mi primera hermana canina, una rottweiler más dulce que la Nutella, bella, noble, única. Crecimos juntas, yo tenía como 6 años cuando ella llegó de dos meses, y partió 7 días de que yo cumpliera 21. Pero esas heridas de la vitta son harina de otro costal). Entonces, igual la pasé mal, y odié por muchos años a mis viejos por mi inestable infancia. Siempre soñé vivir en el mismo lugar, ser amica de mis vecinos, y no abandonar a los pocos que me había hecho en el colegio.
Pero mis papás eran jóvenes e inmaduros. Se separaron dos veces, la primera separación duró 6 meses, la segunda: 5 años. Por eso, cuando a mi mamá le daba la tontera partíamos a donde mis abuelos, o a vivir cerca de mí tía, su hermana. E igual la entiendo, mi papá hasta hace pocos años tomó las riendas de su vida, porque antes era lanzao, de esos que desaparecían días solo por carretear. También lo odié muchos años por su irresponsabilidad, pero ahora que disfruto de mi libertad y semiadultez y conocí la vida vespertina, entendí que "lo que se hereda, no se hurta" y ser padre con menos de 30 es toda una hazaña que no quiero experimentar. Y al final -para volver a lo que me convocó:el colegio y sus mierdas-, sumando y restando, me doy cuenta que la única hueá que aprendí en el colegio fue lo que me dejaron las personas.
Gracias a los pasteles de padres que me tocaron (y que amo mucho, a pesar de todo) debo aceptar que no aprendí tanto en las aulas-delsaber, sobretodo en matemáticas u_u. Que mi sentido de la responsabilidad vale caquita seca entre el ejemplo paterno, y las libertades maternas. Pero que aprendí mucho más que las tablas de multiplicar. Salí de mi burbuja, me cargó quienes podrían haber sido mis juntas de quedarme en un solo lugar o haber estudiado desde pre-kinder en las Monjas Francesas de Viña (y haber egresado de ahí). Conocí una amalgama de espíritus, libres, llenos de historias y tristezas. Pude ser capaz de decidir con quién estar y no que miclasesocioeconómica diga a quienes habituar (he visto tanto de eso en mi vida). Que muchas veces alguien que hable bonito, no es tan lindo como persona, y a ese que tildan de flyte, tiene mucho que enseñarnos. Por eso gracias a la vittaloca y su devenir, me siento tranquila e integra -a pesar de ser un desastre-, y me convertí en un roedor dulce para escabullirme desde la jai socayeti (yiiaa), a la cancha de cerro pa comprar un paragua jiji ji.
